11 jun. 2018

El Mercurio | Inmigrantes venezolanos crecen en la industria gastronómica en Chile

Mariana Salazar.
Escaparon de la violencia y el desastre económico venezolanos y han logrado en poco tiempo emprender con éxito en Chile, con emprendimientos gastronómicos que proveen principalmente a sus compatriotas pero también, crecientemente,  a los chilenos. De las carnes a los pasteles y los quesos.

Ramón Rivera Notario

Link: El Mercurio.

Proveniente de Caracas, César Ochea (39) se instaló en Chile con su mujer Eurelis (34) hace un año y un mes. El embarazo de Eurelis detonó su partida, ya que temían tener a su primer hijo en el alicaído sistema de salud venezolano. Ella es ingeniera y él profesional en comercio exterior. Antes de decidir venirse a Chile, al visitar familiares que ya vivían en nuestro país, César notó que faltaban embutidos y ahumados como los que le gustaban en Venezuela. Así que al emigrar a Chile, el caraqueño ya tenía pensado que pondría un negocio para explotar ese nicho. Y así nació La Chacinería.


Con este emprendimiento, abastecen de distintos embutidos y ahumados, como tocineta, morcilla, chorizos parrilleros, hamburguesas, y chuletas ahumadas, a restaurantes y minimarket venezolanos y hoteles, además de poseer un “food truck” en el strip center Portal Colina. Este camión les ha permitido dar a conocer sus productos a los chilenos. César señala como su valor agregado un proceso de ahumado “más artesanal” y “menos químico”, en el que usa aserrín de raulí y roble, “respecta los tiempos” de la carne y aplica una mayor variedad de especias que lo que acostumbra la cocina chilena. De preparar en un inicio 5 kilos a la semana, en 13 meses pasaron a 150 en la actualidad. Así, César se declara contento de “luchar porque los venezolanos tengan un poquito de su tierra aquí”, y agradece el apoyo del Centro de Negocios de Colina, y su proveedor de carne, Productos Galdames.

César Ochoa.
Como ellos, son varios los venezolanos que se han dedicado a la gastronomía en Chile, en principio para sus compatriotas pero cada vez más también para los chilenos. Mariana Salazar (26) y su novio Jean (26) llevaban tres años con un emprendimiento de pies y pasteles en Mérida – en el oeste de Venezuela -, pero luego de que secuestraran a uno de sus clientes y fuera asaltada su cafetería, decidieron partir a Chile. “A nosotros nos saca de Venezuela la inseguridad”, explica Mariana. En los tan solo seis meses que llevan en Chile, señala, han logrado el nivel de negocios que les costó tres años en Venezuela.

“Porque siempre he vendido algo, cualquier cosa, en el colegio vendía caramelos. Ahora tengo una empresa en miniatura”, explica Mariana. Estudió ingeniería, pero se retiró a mitad de la carrera. Entró en una escuela técnica de hotelería y servicios en Mérida, y se especializó en aprender cocina. “Siempre quise hacer negocios, pero no sabía qué”. Lo clave fue encontrar un nicho donde no había mucha competencia. Y lo encontraron, junto a Jean, en la producción de pies, con “La Piezería”, mismo nombre que hoy usan en Chile.

Mariana señala que hoy producen unas 15 tartas a la semana, contra tres de sus inicios. En ellas también incluyen ingredientes chilenos, como su nuevo cheesecake de pululos (forma de maíz tostado popular en el norte de Chile). “Ahora queremos probar haciendo una de huesillo”. ¿Lo que más vende? Pie de parchita, más conocida en Chile como maracuyá. Su producción va de momento principalmente destinada a restaurantes venezolanos, aunque también reciben pedidos a domicilio a través de Instagram.

¿Por qué Chile? “Leíamos que había muchas oportunidades, que tomaban en cuenta a los emprendedores, que era un país en pleno desarrollo. Apostábamos a que iba a ganar Piñera y que eso iba a abrir más las oportunidades. Y de verdad, no nos equivocamos”. La emprendedora detalla también que a los chilenos les gustan los pasteles un poco más dulces que a los venezolanos. Lo descubrió gracias a degustaciones que improvisó en los parques Bustamante y O'Higgins de Santiago, explica, antes de comenzar a producir más pasteles.

Irance López (34) lleva dos años y tres meses en Chile, pero recién en enero comenzó a producir quesos. Es contador, pero trabajaba en Santiago como administrativo cuando notó que la oferta de quesos venezolanos en Santiago no era mucha y había poca competencia.

"Era una necesidad que el venezolano tenía. El desayuno, la cena, se hace con queso". El más popular es el queso llanero, que se usa rallado sobre pasta, arepas, pabellón y pastelitos, entre otros platos, detalla. Con su esposa y primos, el natural de Maracay – Estado Aragua –  decidió probar suerte y ofrecer cuajada, producto parecido al queso fresco, afuera de la Vega Central. Resultó y pasaron a vender queso a través de Internet. Para ello, arrendaron a un fundo en el sector de Melipilla tanto el lugar como la maquinaria necesaria.

Una característica que diferencia los quesos venezolanos de los que se comen Chile es que los últimos saben relativamente más "dulce". Por eso decidieron llamar a su emprendimiento "El Salaíto". Irance explica que buscaron la forma de que el queso supiera "lo más parecido al original" que tienen en Venezuela, pese a que el alimento, los cuajos y hasta las vacas son diferentes.

Venden su producto a restaurantes venezolanos, pero buscan expandirse al paladar chileno, especialmente con el queso tipo paisa, que hacen en una versión menos salada que en Venezuela. Empezaron con 15 kilos a la semana, y ahora están produciendo tres veces más. “Chile nos ha recibido muy bien, con grandes oportunidades, y no las hemos desperdiciado”, concluye.

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