12 mar. 2017

Manifestantes turcos chocan contra la policía en Holanda


Ayer el mundo fue testigo de una abrupta escalada en el conflicto diplomático entre Holanda y Turquía. El problema comenzó cuando al igual que hizo Alemania, Países Bajos prohibió a los ministros turcos hacer campaña en su país. Funcionarios del Presidente Erdogan pretendían hacer campaña en ciudades europeas con gran población de origen turco con miras al referendum que tendrá lugar el 16 de abril. La votación determinará si, como desea el mandatario, Turquía adopta un sistema presidencial en lugar del actual parlamentario.

OPINIÓN Personalmente me pregunto: ¿No habría sido mejor para Holanda simplemente haber permitido a los ministros turcos hacer propaganda en el país? ¿Era legal impedirlo?


El conflicto ya existente escaló luego de que el ministro de Relaciones Exteriores turco, Mevlut Cavusoglu, fue impedido de aterrizar en Holanda. Otra dignataria, la ministra de Familia Fatma Betul Sayan Kaya, logró entrar al país en auto, desde Alemania. Cuando Kaya trató de ingresar al consulado turco en Rotterdam, fue detenida y expulsada del país.

Manifestantes a favor del gobierno turco trataron de llegar a la legación diplomática, pero fueron repelidos por la policía con carros lanza-agua. Tal como había hecho con la decisión alemana de prohibir el proselitismo político de sus ministros, Erdogan calificó de "nazis y fascistas" a los responsables del gobierno holandés. El primer ministro de los Países Bajos, Mark Rutte, defendió su decisión señalando que Cavusoglu había amenazado al país con sanciones económicas si no le permitían aterrizar, un chantaje inaceptable.

Lo más preocupante para de todo esto para muchos comentaristas políticos es el posible beneficio que genere para candidatura de Geert Wilders, ultraderechista que de llegar al poder pudiera sacar a Holanda de la Unión Europea y terminar de destruirla. Incluso de no ganar Wilders, cabe preguntarse cómo afectan las disputas entre los Países Bajos y Turquía la efectividad y futuro de la OTAN. Rusia de seguro mira con alegría como sus rivales geopolíticos no pueden ponerse de acuerdo entre sí, tal vez considerando consolidar su posición en Ucrania o intentar aventuras similares en el Báltico.

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