9 nov. 2016

Trumpocalypse: Desastre total en las elecciones de Estados Unidos

Contra cualquier pronóstico razonable, Donald Trump fue electo anoche como el 45° Presidente de Estados Unidos. Si bien algunos expertos apuntaban a una victoria estrecha de Hillary Clinton, nadie apostaba a que el candidato Republicano ganaría la elección. Menos aún con la amplia diferencia con que la consiguió.

Como millones de estadounidenses y espectadores de la elección alrededor del mundo, todavía no me la creo. Literalmente. Cómo pensar que una mayoría de los votantes escogieron a un verdadero imbécil, a un hombre sin ninguna propuesta concreta y que en ningún momento de la campaña dejó de sumar puntos en contra para cualquier ciudadano decente y respetuoso de la diversidad que constituye el alma de los Estados Unidos. De la suma y combinación de razas y culturas que ha hecho a este país la grandiosa nación que es.

La mayor explicación para el resultado es simplemente la pésima elección que propuso el Partido Demócrata, en la persona de Hillary Clinton. Una persona impopular, 100% parte del "establishment" de Washington, llena de conexiones aparentemente corruptas con financistas, grandes bancos y gobiernos extranjeros. La perfecta encarnación del status quo que el pueblo estadounidense detesta profundamente.

Una política con un historial de cambiar de opinión en múltiples ocasiones, y un perfil bastante conservador. En términos de sus propuestas, Clinton parecía muchas veces una Republicana compitiendo por el Partido Demócrata. Totalmente fuera de tono con los tiempos.

Todo esto envuelto en una actitud siempre soberbia, de una Hillary que se negó en ir a buscar esos votos que tanto le hicieron falta anoche, del ala joven y progresista de su partido. Los mismos votantes que durante las primarias apoyaron a Bernie Sanders, y a los cuales la campaña de Clinton se empeñó en basurear y difamar. La ex Secretaria de Estado debió asegurarse de que votarían por ella, pero en lugar de eso, tras prometer en un principio adoptar parte de la plataforma de Sanders (algo poco creíble, por la fama de Clinton de mentirosa y veleidosa en lo político), se abocó en conseguir apoyos dentro de los partidarios Republicanos desencantados con Trump, en un error de cálculo político garrafal.

En ese contexto, los intentos de la campaña de Clinton de atraer a los "millenials" con la presencia de celebridades en sus actos y comerciales, en lugar de hechos concretos como, por ejemplo, nominar a Sanders como VP, parecieron a este electorado joven más un insulto a su inteligencia y un truco barato, que un verdadero compromiso con una plataforma de cambio, lo que llevó a muchos a abstenerse de votar.

Mientras tanto, era Trump el que corría con un mensaje simple y populista, alejándose de los discursos Republicanos tradicionales y conectando con parte del electorado trabajador que antes apoyaba a los Demócratas. Las aparentes pocas luces de Trump le ayudaron a conectar con sus votantes. El mensaje extremadamente simple, que fue calificado a un nivel de séptimo básico por algunos medios, era fácil de entender para personas de bajo nivel educacional, y estaba repleto de frases simples fáciles de recordar, junto a muletillas y repeticiones que le entregaban fuerza a su mensaje. Además, la forma de hablar de Trump es muy astuta, el hombre suele ser inespecífico, dejando espacios indeterminados que son inconscientemente llenados por el que escucha con lo que quiere escuchar.



Peor aún para sus opositores, el hombre tiene carisma. Como buena estrella de reality shows, su performance era siempre llamativa y entretenida, a menos que leyera discursos preparados, cosa que hizo raramente y donde sonaba como un político tradicional. Su fortaleza era la espontaneidad, e incluso sus exabruptos le hacían parecer a muchos que el tipo "dice las cosas tal como son", contra lo acartonado, aburrido y falso de los discursos de Hillary Clinton.
Odiosidad revestida de encanto y por sobre todo, fuerza. Esa fue la clave de Trump para conquistar a un pueblo desencantado, pasto seco esperando al político lo suficientemente inescrupuloso como para reavivar las siempre latentes llamas del racismo, el odio y el miedo. Donald exageró groseramente la supuesta amenaza terrorista que viviría Estados Unidos, y al momento mismo de anunciar su campaña se hizo famoso en todo el mundo por acusar a México de "no mandar a su mejor gente" si no que a "violadores y criminales... supongo que algunos son buenas personas". Los medios, en lugar de rechazar con vehemencia la candidatura de Trump a la luz de comentarios como estos, se los tomó a la chacota. Hasta anoche.
En lugar de destacar y repetir lo peligroso y absurdo de la retórica y promesas de Trump, muchos medios lo tomaban como un personaje gracioso o sin posibilidades de ganar, y le dieron millones de dólares de publicidad gratis, al cubrir cada cosa que hacía o decía durante la campaña. E incluso el equipo de Hillary, en vez de repetir todos los casos de abusos sexuales o incontables fracasos empresariales del supuesto magnate, en un ejemplo de su monumental soberbia, prefirieron matizar u omitir sus merecidos ataques hacia Trump.

¿Qué se viene? Nadie lo sabe. He escuchado hablar a algunos analistas decir que "el gran damnificado" es el Partido Republicano. Creo que la realidad no pudiera estar más lejos de eso. 

Si bien es cierto que Trump no se alineaba en general con los preceptos moralistas de los conservadores en lo social, lo importante para el Partido es hacer buenos negocios. Y de eso seguro podrán convencer a Trump. Creo que, según ha trascendido de la personalidad del Presidente Electo durante la campaña, a Trump no le interesa mucho gobernar. Lo más seguro es que se contente con tener su nombre en la historia, sintiéndose al fin digno del reconocimiento de su difunto padre, y deje el tejemaneje de la presidencia a sus asesores. Lo más probable es que el Partido Republicano se alinee en torno a Trump, por puro interés, y porque el tipo parece ser fácilmente manipulable. 

Y sobre las políticas que vaya a imponer Donald Trump como presidente, ni idea. El propio candidato nunca fue muy claro sobre lo que iba a ser, cambiando el discurso según la audiencia a la que estuviera apuntando. En este sentido soy bastante optimista. Creo muy posible que varias promesas estúpidas pero difíciles de cumplir, simplemente no las lleve a cabo. Como es imposible que le vaya a cobrar a México la construcción de un muro, por ejemplo, probablemente empiece a construir algún tipo de barrera más importante que la actual, pero arrastre su construcción con excusas hasta que termine su mandato.

Tampoco creo que Trump vaya a aislar económicamente a Estados Unidos, que rechace el TPP o destruya el NAFTA. Soy un defensor del libre mercado y aunque tengo mis reservas frente a aspectos que me parecen inaceptables del TPP, no me imagino al candidato Republicano cumpliendo la retórica proteccionista con que conquistó a estados como Michigan u Ohio. Y eso me parece un punto a favor.

Porque como les decía, entre lo fácil que aparentemente es manipular a Trump, y el control que tienen de ambas cámaras del Congreso miembros más ortodoxos del Partido Republicano, difícil es esperar la revolución populista que atraía incluso a algunos votantes típicamente de izquierda. Más cuando todas las grandes empresas y bancos de Wall Street que habían puesto sus fichas (y sus millones) en la candidatura de Clinton, ahora se pelearán a Donald Trump. Y ellos sólo se interesan en que las cosas sigan en lineas generales, como están.

Donde sí me siento aterrado por la perspectiva de Trump Presidente es en materia de política exterior. Su ignorancia al respecto es extrema, y sus declaraciones de, por ejemplo, querer dar armas nucleares a Arabia Saudita, exigir a los países de Europa Oriental que se defiendan por sí mismos, o su defensa del uso de la tortura "aunque no sirva de nada", son francamente aterradoras. Por otro lado, la supuesta simpatía que Vladimir Putin le profesaría a Trump pudiera distender el estúpido ambiente de Segunda Guerra Fría que se ha instalado últimamente.

En definitiva, sólo queda esperar a ver qué pasa con el Presidente Donald Trump, durante al menos los próximos cuatro años. Siempre que se alineen los intereses de Trump y la Cámara de Representantes y el Senado, ambas dominadas por los Republicanos, estos pueden hacer lo que quieran. Peor aún, podrán nominar el juez de la Corte Suprema. El futuro pudiera ser bastante negro para los Estados Unidos.

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