31 ago. 2015

Villegas y la manifestación de los camiones

Quería compartir aquí la columna de Fernando Villegas ayer en La Tercera, porque le encuentro mucha razón.

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Me molesta aún que el Gobierno tratara de limitar el derecho a manifestarse de los dueños de camiones que llegaron a Santiago, y más aún, que por horas no los dejara entrar a la capital. Tiene que ser ilegal y quizás hasta anticonstitucional, pero aunque no lo fuera, ciertamente fue injusto. ¡Y pasa a ser más impresentable que para eso impidiera además a cualquier camión entrar a Santiago!

Además, la forma en que el Gobierno engrandeció el problema, basado en un miedo irracional a un "golpismo" inexistente, me obnubila en su absurdo.

"El miedo es cosa viva…"
Fernando Villegas

"Los camioneros y sus protestas o siquiera la amenaza de que protestaran les causan pánico a La Moneda y su coalición. Ya vimos a qué extremos llegaron el jueves, inspirados por Su Majestad el Miedo, por detener y abortar una caravana de sólo 13 camiones. Para esos efectos desenvainaron una suerte de “ukase” -prohibición de entrar a Santiago- quebrantando toda norma jurídica y constitucional, amén de desplegar a las Fuerzas Especiales de Carabineros y  tomar medidas que nunca toman cuando la marcha o manifestación es protagonizada por los compañeros combatientes. Con los camioneros actuaron de otro modo porque inevitablemente recordaron el paro que terminó por desarticular el gobierno de Allende y preludió el Golpe Militar; revivieron esa pesadilla, comenzaron a ver sediciosos por todas partes, los camiones se convirtieron en una columna pánzer y sus conductores en miembros de la SS. Quizás hubo incluso algunos caballeros, víctimas de traumas incurables por la ciencia médica, que se imaginaron saltando por segunda vez los muros de las embajadas, lo cual ahora, a los 60 o 70 años, sería tarea más dificultosa. Ya no hay salud para esos trotes.

La izquierda vive todo el tiempo con sobresaltos de ese tipo. Se obstinan con tan tristes recuerdos y se frotan las heridas para una perpetua supuración que es parte de su cultura grupal y temperamental, de su legitimación como víctimas, fundamento visceral de sus quejas y de sus pretensiones siempre fallidas de transformar el mundo. No por nada el recién nominado intendente de La Araucanía, hombre de dicha “sensibilidad”, no se demoró un segundo en soltar una muy desafortunada frase asociando a la derecha exclusivamente con el uso de la fuerza. Es un reflejo condicionado nacido del temor, a lo cual se une esa rutinaria y conocida paranoia en virtud de la cual sus cultores suelen ven “fachos” y “golpistas” por todas partes. Recuérdese cómo, apenas iniciado el régimen de la Concertación, un “ejercicio de enlace” en el que participaron quizás una docena de militares con la cara camuflada con betún Virginia puso los pelos de punta a las autoridades de entonces. De hecho gran parte del motivo y premura que promovió los acuerdos y las cautelas de esos años fue ese temor, el fantasma del Golpe, el de ser expulsados una vez más.

Son pánicos completamente infundados. El país vive en otra época y no hay ni una gota, ni una molécula de agua en la piscina de las intervenciones castrenses. Las FF.AA. son hoy por hoy un cuerpo domesticado, aun apabullado por su historia, acoquinado, arrinconado y dócil. Si alguien tuviera la peregrina idea de ir a tocarles el timbre, le gritarían desde adentro “no hay nadie”.  O, como en ese chiste, “ya dimos”. Tampoco hay motivo; al país no le va bien, la inflación ya asomó su feo rostro y también lo hicieron la cesantía, la incompetencia y/o confusión de las autoridades en casi todas sus gestiones es colosal, el debilitamiento del orden social muy grande, los delincuentes disfrutan de impunidad, los grupos extremistas se han adueñado de parte del territorio nacional y de los espacios públicos de todas las ciudades, los estudiantes no estudian, los profesores apenas profesan y la mala leche circula a borbotones, PERO fuera de eso, haciendo abstracción de todo eso, estamos bastante bien, gracias.

¿Estado fallido?
En medio del batifondo del jueves el ministro Burgos hizo acto de presencia y soltó algunas frases muy significativas. Reconoció que el Estado ha fallado en lo que toca a impedir o al menos detener y procesar a los autores de incontables atentados de todo tipo en La Araucanía, con lo cual no sólo reconoció un hecho evidente, sino, de soslayo, puso entre paréntesis la completa visión oficial de la NM relativa a los fenómenos que se producen en esa zona. Para la NM la falla del Estado NO CONSISTE en no haber detenido, procesado y sancionado a los culpables de las trapacerías, sino en no haber hecho siquiera aproximadamente lo que quiso proponer el defenestrado intendente Huenchumilla, a saber, posibilitar un territorio autónomo para el pueblo mapuche, declarar a Chile como Estado multinacional y expropiar las forestales.  Para la izquierda que el Estado NO HAYA HECHO ESO o siquiera parte de eso sería el déficit, NO la casi inexistente persecución policial y judicial de los hechores de atentados.

El evento, entonces, como ha sucedido con casi todos los que nos ha ofrecido la actual administración, manifestó por enésima vez el insalvable abismo que media entre los revolucionarios de la NM que quieren chicotear las reformas a todo caballo y los miembros de la antigua Concertación, quienes desean detenerlas, aunque por razones tácticas no hablan de pararlas, sino de “graduarlas”. Sus adversarios lo ven claramente  y no lo quieren permitir, pero tampoco pueden evitar que Burgos y otros lo intenten y suelten frases como la del jueves.

Hay, entonces, un caso de Estado fallido, pero es preciso dilucidar en qué sentido. Si entendemos el término en su acepción normal, en ese caso tenemos efectivamente un Estado al menos parcialmente fallido porque ha sido y es incapaz de cumplir a cabalidad con la primera tarea de todo Estado, la preservación de la ley y el orden. Y lo ha sido no por simple incompetencia -aunque ha habido una generosa porción de aquella- sino porque los miembros de este gobierno, desde la Mandataria hasta los ascensoristas, están en importantes grados de acuerdo con la visión de Huenchumilla y con todas las visiones que catalogan, hoy, cada despelote público como una “lucha social”, cada acto de vandalismo como una “expresión de cultura popular”, cada desorden como un acto democrático, cada asamblea celebrada a empellones como un “debate”.

Cantinflas vs. Robespierre
¿Quién, qué sector ganará la contienda? ¿Los moderados encabezados por Burgos o los revolucionarios encabezados -o más bien sólo vociferados- por la troika Navarro-Quintana-Teillier? Y el ganador, sea quien sea, ¿ganará sobre la sola base de la superioridad política e ideológica o recurrirá a la fuerza, ya sea pública y legal o privada e ilegal?

Los precedentes históricos de este tipo de situaciones informan que el ganador suele ser el grupo más radical, nunca los moderados, quienes, por serlo, carecen de cojones, razones y sobre todo de voluntad para imponer sus vacilantes puntos de vista. Pero, por otra parte, aunque la historia se repite, se repite en la rima, no en el verso. O tal vez, como dijo Marx, los sucesos históricos importantes se manifiestan primero como tragedia y luego como comedia. Como la tragedia ya la vivimos en 1973 y años siguientes, se deduce que esta vez será como comedia, elemento ya notorio en las frases y posturas de Sus Excelencias. Tal vez, Dios mediante, un país con ingreso promedio de 15-20 mil dólares ya no se presta para pampiroladas más allá de las protagonizadas por una sarta de niñitos y una cohorte demográfica de veteranos en busca de la Fuente de Juvencia. Tal vez en esta oportunidad no será Robespierre sino Cantinflas quien gane la mano. Mientras tanto, vivimos en crisis…"

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