25 ene. 2015

No se confunda: No tenemos porqué limitar nuestra libertad de expresión al hablar de religión

Hernán Corral, Profesor de Derecho Civil de la Universidad de los Andes (institución surgida del Opus Dei), escribió ayer Sábado 24 en El Mercurio una columna (link) que estimo imprescindible rebatir.

En esta columna, titulada "Los límites a la libertad de expresión", Corral se ocupa de delinear por qué, según él, el trabajo satírico de Charlie Hebdo no representa un legítimo ejercicio de la libertad de expresión, si no que constituye "un abuso inadmisible en una sociedad que también valor la libertad de conciencia y de cultos".
Para esto, Corral se centra en mostrar dos fallos judiciales favorables a su tesis sobre los límites a la libertad de expresión (que él mismo califica de "excepcionales", además de no mostrar ningún dictamen en contra), ambos basados en una norma de la Convención Europea de Derechos Humanos (CDEH) que estipula la posibilidad de limitar la libertad de expresión para "la protección de la moral, de la reputación o de los derechos ajenos, siempre que sean medidas necesarias en una sociedad democrática y estén previstas en la ley".

Corral nunca fundamenta como, supuestamente, las caricaturas de Charlie Hebdo habrían de transgredir esta norma, que además supone tres "niveles", por así llamarlos, de requisitos para limitar la libertad de expresión. ¿Cómo una caricatura de Mahoma va a ir contra la moral, la reputación alguien o de sus derechos?

Y aún si lo hicieran, tendría que ser la censura a las ilustraciones "necesaria en una sociedad democrática", y estar esa figura en la ley francesa. Lo que dudo, especialmente porque la propia ministra de justicia de Francia declaró que "tenemos el derecho a burlarnos de todas las religiones", como Corral mismo pone en su columna. Más aún, Corral no lo menciona en ningún lugar, pero la propia justicia francesa ha dado la razón a Charlie Hebdo, ante una demanda efectuada por el Consejo Musulmán Francés en 2007, ante la primera de sus portadas presentando a Mahoma.

Matar por un dibujo

Lo más terrible de todo esto, es que razón de la ofensa de los fanáticos, por la cual los caricaturistas y trabajadores de Charlie Hebdo fueron masacrados fue que osaran dibujar a Mahoma. La barbarie nace del que ciertos musulmanes fanáticos deciden imponerle al resto del mundo, no solo a los sometidos al Islam, que no pueden dibujar a su supuesto profeta. Y eso sí que es inadmisible.

Como dijo The Independent en 2013: "Tan sólo por que los musulmanes se abstienen de representar al profeta, no significa que exista razón alguna para que los no-musulmanes deban sentirse obligados por las mismas restricciones, y temer venganza si deciden retratar al fundador del Islam".

Por lo demás, el atentado mortal en París no fue el único ataque de fundamentalistas contra Charlie Hebdo. La revista ha sido amenazada y hostilizada por años, siendo incluso atacada su sede en 2011 con bombas incendiarias. Por si acaso, aquí pueden ver las caricaturas de la discordia: huffingtonpost.com

Volviendo a la columna, Hernán Corral va más allá cuando deja de lado los argumentos jurídicos y se enfoca en mostrar su opinión. Ataca el trabajo de Charlie Hebdo, diciendo que "cuando el humor se instrumentaliza como arma que busca únicamente humillar, degradar y vilipendiar a las personas que profesan una determinada fe, entonces ya no estamos ante un ejercicio legítimo de la libertad de expresión, sino más bien ante un abuso inadmisible en una sociedad que también valora la libertad de consciencia y cultos".

Ese es el centro de su crítica. Corral dictamina sin fundamento, que Charlie Hebdo sólo buscaría "humillar, degradar y vilipendiar" a los creyentes. diciendo finalmente que caía en "la lógica del insulto burdo y provocador", para ajustarlo a los criterios judiciales que mencionó anteriormente.

Eso no es verdad. Charlie Hebdo usa la sátira para plantear una opinión clara respecto a distintos temas super puntuales. ¿Provocativo? Sin duda. La idea es llamar la atención, y generar debate. Por lo demás, provocar no es excusa para la censura. ¿Ofensivo para muchos? Seguro que sí. ¿Y qué? El que alguien se ofenda con una forma de expresión tampoco es razón suficiente para impedir a una persona el expresarse. Y más aún, por mucho que los creyentes se sientan ofendidos, en ningún momento esto impide su libertad de consciencia y culto, como dice Corral.

En el caso de las portadas polémicas, lo que a muchos ofende es un vehículo para mostrar una opinión respecto a un tema. De eso se trata la sátira, elemento esencial de la libertad de expresión.

Es más, en estas portadas Charlie Hebdo no se ríe de los creyentes o de personas individuales, si no que de las ideas que sustentan a ciertos fanáticos religiosos para afectar la vida de todos los demás. Usan el humor gráfico para dar su opinión respecto a distintas formas de opresión religiosa. Y no solo del Islam. El Papa aparece frecuentemente, para ejemplificar la obstrucción de la Iglesia al uso de los condones (que pudieran salvar a millones de católicos de morir de Sida) o su oposición al matrimonio gay.

Sátira con contenido

Volviendo a Mahoma, lo que inició toda esta polémica, fue dibujarlo precisamente para defender la libertad de expresión, contra los fanáticos que amenazaron a los daneses que caricaturizaron al "profeta" en 2005, psicópatas que con la excusa de la fe quemaron varias embajadas escandinavas en países árabes (y de paso, la de Chile en Damasco). Un uso más que justificado de la imagen de Mahoma.
"Mahoma abrumado por los integristas"
Desde entonces, el uso de la imagen del líder islámico se ve justificada en sí misma, para defender el derecho a representarlo. Pero también han usado la imagen de Mahoma para criticar a ISIS y otros grupos integristas, en su interpretación sangrienta del Islam. Este es un ejemplo maravilloso de una crítica al fundamentalismo, hecha por Charlie Hebdo, Nada de "insulto burdo y provocativo", como dice Corral. 
"Si Mahoma volviera..." un miembro de ISIS matando al propio profeta
 y diciéndole "¡cállate, infiel!"
Más que un derecho: El deber de "blasfemar"

Ahora, yendo más allá de la mera refutación de la columna de Corral, creo que es importante recalcar que la libertad de expresión sí permite la burla de las creencias ajenas. Eso hay que destacarlo y defenderlo. Lo trascendental aquí es que la fe de las personas no merece un respecto especial. Las personas merecen respeto, pero no sus ideas. Tenemos pleno derecho de ridiculizar una religión, como a cualquier otra ideología.

Es a mi juicio no solo totalmente permitido burlarse de las creencias religiosas o místicas, si no que debiera ser además un deber de todos los que basamos nuestra cosmovisión en la razón y los hechos comprobables. Es necesario que nuestras sociedades dejen de enaltecer a la fe como un valor. La fe no es más que creer sin evidencias, y eso no tiene nada de respetable. Es simplemente estúpido. Es una suspensión de la racionalidad que nos hace humanos.

Y la fe es aún más perniciosa por cuanto no se ve remitida al mundo interno de los creyentes, si no que pretende dictarnos como vivir, igualmente a quienes la siguen como a quienes no. Sin la fe, los fanáticos no tendrían como justificar el asesinar dibujantes o incendiar embajadas.

Es la religión, la creencia en falsos dioses y profetas, la que justifica horrores como la condena a 10 años de carcel y 1.000 latigazos al saudí Raif Badawi, que está teniendo lugar por estos días (Arabia Saudita considera el ateísmo como "terrorismo"), por "insultar figuras religiosas" o la condena a muerte que hiciera Irán hace 25 años de Salman Rushdie por escribir "Los versos satánicos" (por elegir un par de ejemplos entre millones).

O en términos más prácticos y locales, la religión es la que justifica a algunos de sus seguidores, el impedir que las mujeres puedan decidir abortar un embarazo, o que los homosexuales puedan casarse. Sean estas mujeres y estos gays creyentes o no. Nuevamente, eso si es inaceptable, porque pretende imponer reglas de una religión a toda la sociedad, creyente o no.

Me pregunto que piensan sobre todo esto en la Universidad de los Andes, donde ejerce su cátedra Hernán Corral.

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